Historias, sentimientos, denuncias con nombre y apellido contadas y publicadas en las redes por algunos de los 354 compañeros despedidos de la agencia nacional de noticias.

La llegada de 354 telegramas de despido a trabajadores de la agencia nacional de noticias y los correos amenazantes enviados por el directorio a los que quedaron en planta hizo que muchos trabajadoras y trabajadores de Télam fijaran su posición en las redes. Socompa recogió algunos de estos testimonios que reflejan el dolor y la indignación de muchos ante este nuevo atropello a la libertad de prensa en la Argentina.

Carlos Brigo

Comencé a laburar en fotoperiodismo en el año 1980, en Editorial Atlántida, de allí me fui al diario Crónica donde trabajé (12 horas x día de lunes a lunes, 12 hs por día y de lunes a lunes) Estuve en Crónica 18 años, allí me divorcié de Marta cuando Juli era una bebé hermosa y buena). Luego fui a Perfil hasta que cerró, luego Diario Popular por 10 años (un sólo franco y 9 o 10 horas de laburo, cobraba un poco en negro y otro tanto en patacones). En el Popu laburaba desde la mañana a la tarde y por la noche trabajaba en Revista El Grafico. Allí me separé de Laura, quien ya no está, mamá de Axel y Guillermina, dos pendejos increíblemente buenos. Allí tuvieron que intervenirme la espalda, destrozada por largos años de llevar el peso del bolso con el equipo. Año 2010 comencé a trabajar en Télam, trabajando más de las 6 hs que marca el convenio ( y sin horas extras) sólo porque mi responsabilidad como empleado del Estado me lo exigía, uds me pagaban el sueldo y yo tenía que brindar mi trabajo, mi tiempo, mi esfuerzo y mi compromiso y responsabilidad social de informar y contar con mis imágenes nuestro tiempo, como hice hasta ayer. Pero soy kuka y choriplanero. No doy el perfil de una agencia “organ house” de la Casa Rosada. La vocación, ese acto de amor, me atravesó la vida durante 38 años, en los que dejé hasta la salud. Tengo hoy 60 y las mismas ganas de siempre de salir con la cámara a seguir mostrando nuestra historia. Aquí, en Télam ( desde que asumió este gobierno de ladrones, me sacaron el equipo y me pusieron a hacer nada, y sólo ” me permitían salir a hacer fotos cuando había alguna emergencia”, y ahi salía con mi propio equipo de fotos). No quieren mi mirada y estoy muy orgulloso de lo hecho hasta aqui, desde aquel año 1980 hasta hoy, con muchísimos errores, un par de aciertos, mucho dolor y unas pocas alegrías. Hay en mi situación mas de 300 trabajadores que están sufriendo tanto o más que yo, quien puede mensurar eso? y perdón que sea autoreferencial, sé que mi historia es mínima, es la historia de mi vida.

Carlos Nis

Mis hijas lloran con el gol de Rojo. Yo porque no sé cómo decirles que hoy me echaron de la agencia Télam después de 22 años.

Guillermo Lipis

Días tristes en la agencia Télam. Ayer comenzaron a llegar 354 telegramas de despido a compañeros de la Agencia de Noticias Télam donde trabajo. Agradezco los llamados y comunicaciones de solidaridad para conmigo y mis compañeros. Si bien no estoy en la lista de despedidos, así como nunca viví en mis más de 30 años de trabajo profesional una situación como esta, tampoco sé cómo se sigue bajo estas circunstancias con tanta gente en la calle en este momento tan duro en el país. La función de los medios públicos, además de hacer periodismo como otros medios privados, es suplir aquellas funciones que a los medios privados no les interesa ejercer porque no le son redituables. Es una función estratégica que con los despidos y la amenaza que se vive en la agencia, la TV Pública y Radio Nacional, merma en su rol social destacado que un medio del Estado debe cumplir. Humanamente es un gran desastre porque más allá de ideologías, detrás de cada una de ellas hay personas, familias y proyectos de crecimiento y desarrollo. Hay un tsunami que nos arrastra y no sabemos en dónde termina ni cómo.

Rodolfo Luna

Todos somos despedidos. Cada despido es una historia, un amigo, un compañero, un hermano de trabajo. Compañeras con hijos pequeños, único sostén de familia. Un compañero operado hace tres meses del corazón, con marcapasos. Un compañero con cáncer. Llantos, abrazos, bronca, desesperación. Nos arrojan al abismo. Nos cagan la vida y la de nuestras familias.
En mi sección no paran de llegar telegramas. Pepe, compañerazo, laburante de primera. Vicky, amiga hermosa, talentosísima diseñadora, madre de dos niños. Fernando, 23 años de Télam, compañero de sonrisas. Marcelo, mi jefe, un tipo íntegro, viudo con dos hijas, 24 años de Télam. A los seis restantes, nos llega la carta documento en cualquier momento. Hoy dije en la asamblea que todos estamos despedidos, los que les llegó el telegrama hoy y los que nos va a llegar mañana, la semana que viene, el otro mes.
Dos veces impedimos el cierre de la agencia. Lo vamos a hacer de nuevo. ¡Viva la lucha de los trabajadores de Télam!

Eduardo Kragelund

Un gracias grande. Quiero dar un gracias grande a los muchos amigos, compañeros y conocidos que de una u otra manera se han acercado para poner el hombro ante los despidos de Télam.
Como siempre sucede en estos casos, cuando se ponen en juego valores tan íntimos como la honestidad y la solidaridad, hubo presencias que sorprenden y ausencias que defraudan.
Sea como sea, lo preocupante es el tendal de gente joven que está formando una familia o comprando su primer casa y que se quedó en la calle. Más preocupante aún son los compañeros que fueron despedidos a pocos años de la jubilación y que por su edad difícilmente puedan conseguir un nuevo empleo.
En lo que a mi respecta, no hay de qué preocuparse. Con el telegrama de despido que recibí ayer doy por concluidos 48 años de trabajo en la profesión más linda del mundo.
Me retiro con rabia porque la injusticia siempre me va a doler. Pero también me voy con la cabeza alta, muy alta, no sólo por el trabajo realizado en muchas partes de este mundo, sino por haber sido despedido por un gobierno profundamente antidemocrático y corrupto, que se encamina a ser el responsable del mayor genocidio social de nuestra historia.
Gracias. Muchas gracias.
Y salú !!!

Lorena García

Entre ayer y hoy los compañero/as a los que no les llegó el telegrama de despido casi que te piden disculpas por haber recibido el mail de “bienvenida” a la nueva agencia. Ese grado de perversión manejan, Este gobierno es lo peor que le pasó a esta país en democracia. Y no compañeros, ustedes son compañeros de trabajo. Enormes compañeros y compañeras.

Paula Ribas

Es el día más desolador como trabajadora de prensa y de Télam.
Nunca en mi vida viví algo igual.
Despedidos, confirmados en sus puestos por mail y montones en el limbo de no saber cual es nuestra situación.

Daniel Bello

Y llegó el telegrama nomás.

Firme y digno.

Para atrás sólo para tomar impulso.

Miguel 50 (@Miguel50S)

Gracias Hernán Lombardi por explicarle a mis niet@s qué el laburo que hizo su abuelo durante 33 años en Télam, por ejemplo encabezando el equipo de cronistas en juicio a ex comandantes, o en el primer reportaje a Rajiv Gandhi en Nueva Delhi, no era periodismo. Hasta ahora los tuve engañados. Engañé a 13 presidentes, cuatro Papas y pasaron ocho mundiales, pero el periodismo “ahora comienza”. Ingresé como cronista y me retiré como secretario de redacción. Fui un gran farsante.

Paulo Pécora

Fines de 1992, pleno verano. Trabajaba estacionando autos en una playa ubicada en Tucumán y Junín. Manejaba coches, escuchaba música y leía un montón. Estaba feliz. Era mi mejor trabajo después de limpiar casas, reponer mercadería en una perfumería, engrasar cortinas, embolsar productos en un supermercado, lavar autos, repartir volantes en la calle, servir desayunos en un hotel, cocinar en Mc Donalds y Fudruckers, atender un videoclub y trabajar como lavacopas en un balneario. Un día recibí un llamado que me decía que andaban buscando gente para trabajar en la Agencia Nacional de Noticias Télam. Sin saberlo -porque no entendía nada de periodismo ni de periodistas- había tomado un curso en la UBA con el entonces jefe de redacción de la agencia. Y al parecer le había gustado una investigación que había escrito sobre el cierre del club Gas del Estado, donde había pasado grandes momentos de mi infancia y que el menemismo acababa de desmantelar. Acepté contento la invitación y entré en enero de 1993 como aspirante. Me tocó el turno de la madrugada, entre las 12 de la noche y las 7 de la mañana. Escribía de todo sin saber de nada: policiales, información general, política, lo que venga. Y aprendí un montón. Volvía a mi casa, desayunaba con mi madre y luego dormía unas horas antes de almorzar y partir a la universidad, donde cursaba Comunicación. A la noche estudiaba y me hacía una siestita antes de volver a trabajar. Así pasé un año entero, hasta que un día me promovieron a cronista y me mandaron a escribir noticias policiales. Trabajé en paralelo, para “curtirme”, en Crónica y en las revistas Esto y Shock Policial. Cubrí todo tipo de acontecimientos, entre ellos el crimen de José Luis Cabezas en Pinamar y el atentado a la Amia en Buenos Aires (fui uno de los primeros en llegar y recuerdo que mi jefe me retó porque estaba ayudando a buscar gente entre los escombros en lugar de pasarle información por el celular que me habían dado). Después me picó el bichito del cine y la música y no sé cómo pero escribí pequeños textos para grandes revistas como Esculpiendo Milagros y Revólver. Y algunas curiosidades para la última página del suplemento Espectáculos de La Nación. Quizás porque era evidente que lo mío era el cine y la música, en la agencia me promovieron a Redactor y me llamaron a escribir en la sección Espectáculos. Paralelamente me formé como realizador en la Universidad del Cine de Buenos Aires (a donde entré con la intención de estudiar crítica y terminé estudiando dirección) y eso me ayudó mucho a entender mejor el mundo del cine, las películas y lo que me contaban sus directores. Entrevisté a muchísimos cineastas y aprendí muchísimo de ellos. Me tocó viajar y hacer la cobertura de la presencia del cine argentino en un sinnúmero de festivales como Cannes, San Sebastián, La Habana, Venecia, Karlovy Vary, Gramado, Toulouse, Biarritz, Huelva y Locarno, por nombrar sólo algunos. Paralelamente hice prensa para algunas películas y para una discjockey, colaboré en otras publicaciones, trabajé como redactor y editor (en tres números) de la revista Haciendo Cine, como productor del noticiero de Espectáculos de Canal (á) y como productor y director de unos micros de noticias en MuchMusic. Todo eso me permitió entender mejor el funcionamiento interno del mundo en el que me movía (y todavía me sigo moviendo), conocer grandes amigos, aprender de otros cineastas y diversificarme aún más en mi trabajo. Ayer, después de 25 años, junto a otrxs 300 compañerxs, me echaron de la Agencia Télam sin causas ni explicaciones. Todavía no asimilé el golpe, pero espero tener la suficiente claridad para hacer como en el Aikido, y que esto me sirva para reconvertirme en algo mejor. Agradezco muchísimo todos los mensajes, gestos y palabras de solidaridad y apoyo que vengo recibiendo. Eso me alegra y me da mucha fuerza para seguir buscando un nuevo camino. Les deseo mucha fuerza a lxs compañerxs despedidxs! Y a todxs los que vienen sufriendo las políticas inhumanas de este gobierno vaciador.

Carlos Aletto

Soy Carlos Aletto, jefe de sección en Télam. Desde que la agencia cerró el suplemento literario SLT (hace un mes) estoy escribiendo notas, haciendo entrevistas que aparecen en distintos medios. Me dejaron sin firma, por eso alguien puede decir que no respondo a un perfil. Pero sin mi firma son de todas formas mis notas. Dirigí 8 años un suplemento literario que salió todos los jueves. Para entrar a trabajar en Télam me vi obligado a dejar mi cargo de investigación y docencia en la Universidad de Mar del Plata. Las últimas notas (sin firma) en Cultura fueron a Maria Negroni, Virginia Feinmann, Daniel Guebel, Juan Pablo Bertazza, Franco Vaccarini, Tamara Kamenszain (esta todavía no la publicaron por el paro), y otras… estudié periodismo y soy Licenciado en Letras, pero solo espero que por ser kirchnerista no digan que no tengo perfil para la agencia. Me puede echar o dar continuidad en la empresa que seguiré opinando igual, mi trabajo en Télam fue el de un profesional (y con título universitario y carrera en el ejercicio) edité a los 20 años Unicornio, Revista Literaria. Con Gabriel Di Lorenzo, Virginia Ceratto Baños, Mi trabajo fue siempre comprometido y con gente talentosa: Claudia Piñeiro, Osvaldo Quiroga, Sebastián Basualdo, Javier Chiabrando, Walter Lezcano, Natalia Porta López, Vicente Battista, Lucila Carzoglio, Gabriela Cabezón Cámara, Leonardo Huebe, Gonzalo Garcés, Nicolás Mavrakis, Juan Maisonnave, Juan Pablo Cinelli, Federico Bianchini, el diseño impecable de Rodolfo Luna y el despedido Pepe De Lucas. Publicamos notas sin mirar ni una sola vez la ideología, abrimos espacios a la ninguneada poesía a escritores jóvenes a los sin voz en otros medios. Insisto: soy kirchnerista, y mal que le pese a la élite que gobierna lo seguiré siendo. Mi trabajo en el campo de la literatura fue profesional. Así pasa con muchos compañeros despedidos. Aptos en sus labores, pero que no piensan como el macrismo quiere. Es hora de revertir esta idea loca de dejar 354 familias sin trabajo. Tengo tres hijos y hace un año me operaron del corazón. La angustia por la llegada del cartero, la incertidumbre y los despidos de compañeros trabajadores no ayudan a mi salud. La peleo igual. Por la comida de mi familia. No quiero la imagen de salvarme de un naufragio y ver a mi alrededor un mundo destruido. Gracias a los doctores que me están controlando los latidos, en especial a mi cardiólogo Miguel García.

Roxana Barone

Entré a la agencia Télam en octubre de 2005. Martín Granovsky no me preguntó mi signo político cuando me contrató. Me preguntó por mi experiencia. No sé si eran muchos o pocos los trabajadores. Sólo sé que necesitaban a alguien para ocupar ese puesto –jefa de la sección Sociedad- y resulta que daba con el perfil. Agradecida por eso. Después vino Martín García que quiso una agencia más grande. Armó un área de audiovisuales, con coberturas en vivo, y potenció la radio con más recursos tecnológicos, locutores y operadores, como hacen los otros medios cuando quieren expandirse para llegar a más personas. Estaba orgulloso de tener mil abonados, incluso de aquellos que no podían pagar como cooperativas y pueblos originarios. Decía que una agencia de noticias pública tenía que llegar a todos los rincones del país. Podemos estar de acuerdo o no. Podemos decir que Télam tiene que tener abonados que paguen. Que si no pagan, no tienen por qué tener información. Es una forma de pensar qué es una agencia pública y hasta podemos discutirlo (yo sé de qué lado estoy, pero acepto la discusión). Lo que no podés, si sos periodista o comunicador y nunca estuviste en Télam, conociste Télam, administraste Télam, decir hoy con toda liviandad que éramos muchos trabajadores. ¿Cuál es la medida?

Noe Marone

DESPIDOS EN TÉLAM: LE PEDÍA QUE LA MIRE.

“Mirame, ¿no ves que somos iguales?”, le decía la trabajadora de #Telam a la pasajera que estaba arriba del colectivo, quejándose del corte de tránsito frente al CCK.
“Despidieron a 354 personas. ¿No ves que somos iguales?”.

La mujer abrió la ventanilla para responderle: “Yo quiero llegar a mi casa. Vayan a cortar a otro lado”. Después, cerró.

Así, pasó varias veces. Ella solo le pedía que la mire.

(Tal vez no exista otra postal más triste y amarga de las que dejó la noticia del despido de 354 trabajadores de Télam que percibir la falta de empatía con el otro, con el laburante. Uno igual a nosotros, uno que hoy se queda sin trabajo. Los dos tienen a un patrón, los dos son explotados, los dos son parte de una misma historia… pero no hay manera. El individualismo vence, el egoísmo se impone, los patrones festejan, el gobierno celebra el ajuste.)

Juan Rapacioli

Hoy me despidieron de Télam. Pero la frase correcta es: hoy nos despidieron de Télam. Somos más de 150 trabajadores en la calle. Van por 400. La limpieza ideológica es verso para la gilada que mira de afuera. Acá sacaron gente de todas las edades, posiciones, cargos y trayectorias. Acá metieron operadores con altos sueldos que no hacen nada. Acá estamos hablando de plata cuando deberíamos estar hablando de personas. Hay que decirlo: todos los jefes se borraron y nos dejaron solos esperando un telegrama o un mail que, con lenguaje orwelliano, invita a la nueva Télam. Hay que decirlo: todo lo que nosotros entendemos por cínico, perverso y malicioso, desde el gobierno se entiende como natural: haciendo lo que hay que hacer, dice el spot. Hay que decirlo: este sistema no se construye solo. No son sólo los Macri, los Caputo, los Lombardi que vienen a cumplir la tarea del recorte, son los colaboracionistas del oficialismo, serviles de un poder que nunca van a tener, personajes cool que vinieron a ceder la palabra y terminaron operando contra los trabajadores. Hay que decirlo: hoy, en la puerta del Centro Cultural Kirchner, nos mandaron a la policía en medio de un reclamo pacífico integrado por pibxs, viejxs, mujeres embarazadas, redactorxs, fotógrafxs, amigues y familias. Mientras firmaba el recibo del telegrama, el cartero me dijo: “Esta sociedad está colonizada, alguna vez vamos a tener que despertar”. Hay que decirlo: la lucha continúa.