Una nueva nota de la serie de la investigadora Carola Ochoa sobre los rugbiers víctimas del terrorismo de Estado. Hoy recordamos a Rodolfo Miguel Ernesto Ratti, militante de Montoneros y rugbier de San Martin RC. Abogado, secuestrado el 23 de febrero de 1977. Continúa desaparecido.

Rodolfo Miguel Ernesto Ratti nació el 25 de noviembre de 1953. Hijo de María Esther de la Rosa y de Rodolfo Arturo Ratti, militar que se desempeñaba como coronel médico.

Entre sus hermanos sentía predilección por su hermana Susana. por quien se preocupaba y con la que tenía una gran afinidad ideológica. Tenía la voz tonante y la risa franca. Rodolfo era alto, muy fuerte y poseía una inteligencia indiscutible. De niño tenía los ojos miel y rasgados con los que miraba a todos con una ternura inefable.

Jugó al rugby en San Martin RC. Lo apasionaba el fútbol y era hincha del Club Independiente. Ya entrado a la adultez le gustaban mucho la ópera y la buena música.

Su fe cristiana tuvo una influencia decisiva en su vida militante profesando la Teología de la Liberación. De allí su entrega y amor a los demás se hizo patente cuando eligió al peronismo como espacio de militancia. Rodolfo formó parte de los miles de jóvenes que fueron a Ezeiza a recibir a Perón con el grito de “Luche y Vuelve”. Después de ese día se integró a la organización Montoneros.

Para entonces había egresado de la Universidad Católica Argentina (UCA) en 1969 con el título de Doctor en Derecho y Abogado Laboralista. En Montoneros estuvo a cargo de la defensa de los presos de la organización. Trabajó en Asuntos Municipales junto a Ernesto Jauretche en pleno gobierno bonaerense de Oscar Bidegain. De manera combativa, peleó por la publicidad oficial con Goyo Lebenson y Miguel Bonasso.

Estaba casado con Silvia Mazeo, quien también militaba, pero por un hecho fortuito cambió su decisión de continuar:

“Ya teníamos tres hijos con Rodolfo y yo estaba embarazada de la cuarta. Le planteé a él resguardarnos por un tiempo. Yo militaba con los Cristianos para la Liberación y Rodolfo en Montoneros. Un día iba en mi auto y me hizo seña para detenerme una pinza militar. Recuerdo que yo llevaba un montón de papeles en el baúl. Cuando me bajé del auto el militar vio mi panza de embarazada. Al rato me dijo:

“-¡Siga!

Creo que se condolió el verme en ese estado. Cuando llegué a casa decidí que se había terminado mi militancia setentista y comprendí que debía proteger a mi niña.”

Silvia además trabajó con sindicalistas de la JTP.

La carta de Rodolfo

Un mes antes de su secuestro, Rodolfo escribió una carta a Silvia e hijos. Ellos estaban en Córdoba sólo por unos días. Decía:

“Durante mucho tiempo pensé que yo no merecía que me quieras. Ahora soy menos humilde. No puedo ser tan malo si vos me querés y si los chicos me quieren. Eso me hace sentir mejor, más fuerte y más decidido a afrontar todo tipo de inconvenientes y dificultades. Sobre todo porque me da alegría de vivir, una alegría que se sobrepone a todas las tristezas, los desgarramientos y golpes que hay que aguantar.

“Hasta Cristo sudó sangre en el huerto y pidió que se aparte de él ese cáliz que habría de beber.

“Pero es la esperanza de un mañana mejor, la que nos hace capaces de todo. Un mañana en que los grillos, las cigarras y las ranitas sean nuestras definitivamente y no fugazmente.

“Pero que sean de todos. Que nuestra felicidad no se construya sobre el dolor de los demás, porque entonces los demás también tendrán derecho a hacernos el mal. O por lo menos a odiarnos.

“Yo nunca podría disfrutar de tu am9r y el de los chicos si esto no fuera nada mas que el escape de mi mala conciencia.

“La felicidad no puede esconderse, encerrarse. La felicidad es campo abierto.

“No puedo imaginarme a ninguno de mis hijos de 20, 30 o 40 años hechos unos cínicos, unos marmotas o unos cagadores.

“No soporto pensar que algún día, por lejano que esté, alguien tenga el derecho a tenerles bronca.

“Estamos cruzando el desierto pero la tierra prometida existe al final del mismo.

“Los momentos que más recuerdo de la vida en común fueron momentos fugaces, de felicidad muy sencilla. Un abrazo, un silencio compartido, las caritas de los chicos.

“No hay nada que desee más que estar con ustedes.

“No hay nada mejor que un beso tuyo o las manos de los chicos en mi mano. Mi máxima aspiración es ésa. Esa es la meta final de todo.

“Te pido que les expliques a los chicos que yo quiero ser un papá que les enseñe a ser generosos y solidarios, pero que sólo se los voy a poder enseñar si aprendo yo a serlo.

“A vos te pido que vivas también la esperanza, que acortes la espera pensando en lo felices que seremos en el momento en que nos reencontremos.

“Te pido también que mires por mí el río, las sierras, las cortadas. Que escuches por mi el coyuyo y a la rana, y que cuando no esté nublado mires el Puñal del Faraón y la Cruz del Sur y se los muestres a los chicos.

“Porque también desde aquí los miro.”

Su secuestro

Por su militancia Rodolfo fue perseguido primero por la Triple A y luego, tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, por la dictadura. Cumplir con la función de defender y presentar hábeas corpus a favor de la libertad de sus compañeros detenidos se cree pudo ser una de las causantes de su secuestro.

Rodolfo era socio del abogado Hugo Oscar Segura. El estudio que compartían los dos quedaba en Diagonal 1119, quinto piso.

El 23 de febrero de 1977 fue ilegalmente allanado y Rodolfo desapareció.

Sin su marido, Silvia se fue a Córdoba donde vivió en situación de semiclandestinidad por 12 largos años. Cuando decidió volver con su familia a Buenos Aires mantuvo contacto con organizaciones de Derechos Humanos. Vivió en la localidad bonaerense de San Martin hasta su muerte, acaecida en el 2013. Silvia era poeta y escritora.

Amor compañero

Silvia fue el gran amor de Rodolfo. El dolor de su pérdida lo selló en una carta de despedida a su marido, escrita en 1987, en la ciudad de Córdoba, y que forma parte del libro Versopueblo:

“Un aguerrido amor

Que combatió hasta el final

Yo fui tan fiel, tan esperanza

Que para amarte, Amor

Me entrelazo con el viento

Porque en el aire encuentro

Tu mirada.

Para tomar tu lugar en el camino

Me atrinchero en ka vida

Por eso vuelvo a la vida

Vuelvo al amor que fue la razón

De tu combate”

Silvia falleció en 2013.

Homenajes

Un recordatorio sobre Rodolfo, escrito por familiares y amigos en 1994, se abre con estas hermosas palabras:

“Dejen la memoria ahí: donde se olvida el olvido, para que el verdugo sepa que, adonde vaya, lo sigo”.

En marzo de 2004 un abogado y poeta llamado Alejandro Caubet, le escribió a Silvia:

“Hoy estuve en un acto desorganizado por un grupo de abogados cuarentones, que resisten desde la corbata y la profesión bastardeada por el sistema y sus secuaces. Hoy estuve en la plaza de Tribunales. Me acerqué a acariciar la piedra madre, resbalé mis manos con rabia sobre los muchos nombres, las muchas madres, los muchos hijos, las muchas abuelas, los muchos compañeras y compañeros. Estuve resbalando nombres con rabia, con los dedos, con los labios, con la memoria, con la imagen de ellos, los nuestros. Hoy estuve con la luz. Perdón. Solo quería decir que en el momento que nombraron al Dr. Ratti, en esa plaza, grité algo enorme, transparente, transgresor, infinito, esperanzador. Si, hoy grité: ¡Compañero Rodolfo Miguel Ernesto Ratti. Presente!”

El viernes 23 de febrero de 2007, a las 19 horas, Rodolfo tuvo su merecido homenaje en el Salón Auditorio del Colegio, Av. Corrientes 1441, primer piso.

Su figura fue evocada por sus familiares y amigos Gabriela Ratti; el escritor, periodista y cineasta Ernesto Jauretche -sobrino de Arturo Jauretche-; el periodista y diputado nacional Miguel Bonasso.

También dio su palabra el presidente del Colegio Público, Dr. Jorge Rizzo.

Se creó el Espacio Cultural y Político “Compañero Rodolfo Ratti” de gran actividad social y de Memoria, Verdad y Justicia.

Su hija Gabriela integra H.I.J.O.S Capital.

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