La ministra de Seguridad armó una conferencia de prensa para acusar a los integrantes de la Garganta Poderosa de atacar a la policía. Las cosas fueron bastante diferentes y desde la organización villera dieron a conocer un video en el que hablan varios miembros luego de las sesiones de tortura y maltrato que pasaron a manos de las fuerzas represivas.

Me llamó un amigo. La última vez que había visto, hace unos 20 días, estábamos tomando unos mates en la oficina que La Garganta Poderosa tiene en el Hotel Bauen. Nos miraban, todos desde una foto, el Padre Mugica, Lula, Nora Cortiñas, Rodolfo Walsh. Hablábamos del encuentro que se está preparando en Porto Alegre, Brasil, para fines de julio. Se reunirán allí miles de vecinos de distintas villas y favelas de todos los países de América del Sur. Van a celebrar coincidencias, compartir sufrimientos, construir futuros. Nos prometimos que Socompa registrará el evento. Roque, fotógrafo de la Garganta, también estaba sentado a la mesa. A él lo volví a ver recién: es que mi amigo me ruega por teléfono que observe y difunda un video donde Roque y otros dos compañeros de la organización denuncian a cara descubierta las agresiones, torturas y amenazas que recibieron por parte de agentes de Prefectura el pasado 26 de mayo.

El video es, en verdad, un contra video.

El 7 de junio último, Día del Periodista, llegó a las redacciones de los grandes medios una gacetilla del Ministerio de Seguridad. Citaba a conferencia de prensa con un título intimidante: “Vamos a desenmascarar la mentira de La Garganta Poderosa sobre la acusación a la Prefectura por los hechos en la Villa 21-24”. Fue la propia Patricia Bullrich la que lideró el contacto con los periodistas: presentó un video donde se ve a un prefecto arriba de un colectivo, supuestamente intimidado por unos jóvenes sin identificar. Las imágenes muestran luego una reyerta callejera. Y nada más. El material –sin audio- le sirvió a Bullrich para justificar un operativo que, para ella, solo buscó reestablecer el orden tras que personas sin identificar quisieran robarle el arma al prefecto. La Garganta y sus miembros refirieron una razzia, pero la ministra los acusó de mentir para perjudicar a la fuerza de seguridad y así lograr que (sic) “se meta el narcotráfico y la venta de estupefaciente esté liberada”.

Rebobinando.

La noche del 26 encontró a la Prefectura disparando dentro de la villa 21-24, realizando detenciones ilegales, usurpando domicilios sin orden alguna.  Según la versión oficial, fue el epílogo del incidente que comenzó arriba del colectivo. Entraron a la casa de Pablo, herrero de profesión. Se lo llevaron sin decir palabra. A la que le dijeron “puta de mierda” y “negra bocona” fue a Jésica, que intentaba protestar por lo que le pasaba al compañero. La frenaron cinco hombres de la fuerza. La agarraron de los pelos, mientras uno la tenía del cuello el otro le pagaba palazos en las piernas. “Otro me puso contra la pared y me empezó a tocar las tetas”, describió. Pablo agrega que estuvo cuatro horas entre que lo apresaron y llegó a la comisaría. En el medio le dieron una paliza. Le decían “¿y, muerto, te duele?”. Y le daban. Le seguían dando.

Mientras esto ocurría, otros miembros de Prefectura tiroteaban la casa de Iván.  Pero las balas no parecieron haber seguido el curso del azar. El joven es uno de los que declara en el juicio que hoy tiene a seis prefectos con prisión preventiva. Iván había contado cómo en la noche del 24 de septiembre de 2016 los efectivos lo detuvieron a él y a un amigo. Los esposaron, los golpearon y amenazaron con matarlos a tiros u obligándolos a arrojarse a las aguas del Riachuelo. Cuando Roque se dio cuenta que los disparos iban hacia lo de su compañero, salió a hacer lo que sabe y le gusta: dar cuenta con su cámara de fotos. Cayó él también. Se acercó el padre Toto de Vedia, un sacerdote referente en la villa. Le preguntó cómo estaba y cuando fue a ver a otros detenidos un prefecto, mirando a Roque, comentó otro uniformado: “a éste hay que darle un tiro en el pecho”.

Socompa había narrado la liberación de Roque y Pablo. (https://socompa.info/social/la-garganta-liberada/) Se explica allí y con detalles uno de los motivos de la ofensiva represiva contra la organización villera: el registro comunitario de los excesos que sufren los más pobres en los barrios, a manos de quienes deberían cuidarlos.

Ahora La Garganta Poderosa difunde un video (https://youtu.be/Mu0EspQ-1Ck)   donde los dichos de Roque, Pablo y Jésica tienen voz y rostro. Piden que se replique el material. Desde sus redes sociales explican:

Acá están, rostros y testimonios de nuestros compañeros torturados.

Acá tienen, rostro y testimonio de nuestra compañera abusada.

Acá se ve, otra razzia de la Prefectura atropellando vecinos.

Muchos no hablan, porque tienen miedo y razón de tenerlo.

Obligados, 3 salen a dar la cara: que no les pase nada.

Ninguno aparece en el video que difunde la ministra.

Mostraron una secuencia ajena al operativo ilegal.

Ni un prefecto denunció lesiones en la Justicia.

Ningún medio oficialista cubrió los hechos.

Fueron secuestrados de su domicilio.

Privados de su libertad, 48 horas.

Sobreseídos en tiempo récord.

Ahora somos querella.

Y ya no callamos.

Desde la conferencia de prensa de Bullrich a la fecha ocurrieron más episodios de gravedad. Se repitieron amenazas a chicos y chicas de la organización y a madres de víctimas de atropellos de fuerzas de seguridad (“si seguís con los de la Garganta ya sabes lo que les va a pasar”). Se lanzó un operativo mediático para dañar la imagen de Nacho Levy, principal referente del movimiento villero. Y se intensificaron los patrullajes, desafiantes.

Se meten con ellos no por lo que hacen mal, sino por lo que están haciendo bien.