Una nueva nota de la serie de la investigadora Carola Ochoa sobre los rugbiers víctimas del terrorismo de Estado. Hoy recordamos a Juan Sebastián Hernández Claverie, rugbier de Los Caranchos, donde jugaba de centro. Militó en la UES de Rosario y en Montoneros. Tenía 19 años cuando participó en el ataque al Regimiento de Infantería 29 de Monte, en Formosa, el 5 de octubre de 1975 donde fue fusilado.

Juan Sebastián nació el 27 de septiembre de 1956 en Rosario. Su madre fue Marta Claverie de Hernandez Larguía, profesora de literatura egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y asistente al taller de escritura de Alma Maritano. Marta vivió en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, luego junto a su hija en Buenos Aires. Marta se casó con Juan Jorge Hernández Larguía, un reconocido abogado y padre de Juan Sebastián.

Con una gran sensibilidad por todo lo social, Juan Sebastián afianzó su compromiso estudiantil por el Boleto Estudiantil Gratuito integrándose a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y a Montoneros. Lo llamaban “el Canche” o “Seba”. En esos años, los adolescentes de la UES eran amenazados por la Triple A y CNU, organizaciones compuestas por asesinos, quienes cometieron muchos crímenes amparados e incentivados por el gobierno de Isabel de Perón. Juan Sebastián consideraba que la lucha debía incrementarse para terminar con la barbarie de la Triple A quien contaba con ayuda del Ejército Argentino. Así, se despidió de sus padres, hermanos, tíos, primos y amigos (todos ellos no sabían donde iba) y viajó hacia Formosa, donde compañeros habían planeado una operación en el Regimiento de Infantería 29 de Monte. La fecha exacta es el 5 de octubre de 1975. Su cuerpo acribillado fue retirado por su familia, velado y enterrado en Rosario, luego de que su padre fue cruzado por un desconocido, pocos días después del operativo militante, y le dijo: “No sufra. Su hijo luchó como el más valiente.”

Recuerdo de su prima Mariana

“Sólo puedo recordarlo como un pendejo hermoso. Con esa sonrisa enorme, marca de fábrica de toda la familia Hernández. Así lo recuerdo ese último día en el que sabía adonde iba ese 5 de octubre, con sus convicciones como bandera.

“Ese día se dio la que sería nuestra despedida y la mantuvimos a media voz, en la vereda de casa, y yo entre los huecos que dejaba bajar el cerco.

“Así, exactamente lo recuerdo. Tranquilo y resuelto como su hermosura”

Ataque al Regimiento 29 de Monte

La guardia del regimiento hizo la formación a las 8 de la mañana de ese 5 de octubre de 1975.

Lo que decían los informes de inteligencia militar es que el cuartel al estar en una provincia tranquila y cercana a Paraguay, tenía esa vía fácil de escape para los militantes políticos perseguidos, y hacia el oeste hacia zonas inhóspitas en la provincia de Salta desde donde también se podían escapar.

Ésas eran las variables que se manejaban.

Juan Sebastián y sus compañeros se decidieron por el efecto sorpresa. Sin embargo, la reacción de los soldados fue inmediata, rápida.

Mayol, quien antes de la hora del ataque al regimiento regresa a eso de las cuatro de la tarde e ingresa por otro puesto de guardia, uno secundario, y lo hace reduciendo a uno de los soldados, al que le había pedido que lo deje entrar, y como le dijeron que debía ingresar por el puesto 1, el puesto principal de guardia, lo encañonó y es por ahí donde ingresaron Juan Sebastián y demás revolucionarios. Usaron siete vehículos que eran del mismo color y modelo de los vehículos que ingresaban diariamente al regimiento.

Seba y sus compañeros efectivamente contaban con una inteligencia previa infiltrada en el Regimiento: el joven soldado santafesino llamado Luis Roberto Mayol, de 18 años. Actuaba como un espía que operaba para Montoneros, le arrebató el fusil a un compañero y abrió los portones para permitir el ingreso de las cinco camionetas que trasladaban un comando fuertemente armado.

Al comenzar el asalto, cinco revolucionarios le solicitaron al soldado conscripto Hermindo “Negro” Luna que se rindiera, expresando que «Con vos no es la cosa. No lleves a cabo una resistencia suicida”

Luna respondió: “¡Acá no se rinde nadie, montoneros de mierda!”.

Recibió un impacto en el abdomen que lo dejó mortalmente herido.

Conducidos por el conscripto Mayol, Juan Sebastián y demás revolucionarios, conocían el lugar donde dónde se hallaban los depósitos de armas y de municiones. El sargento Víctor Sanabria fue acribillado mientras intentaba dar aviso por radio del ataque, a pesar de los intensos pedidos de rendición por parte de los militantes.

Varias granadas arrojadas alcanzaron a otros soldados mientras se duchaban y otros dormían. El conscripto revolucionario Mayol fue muerto cuando intentaba replegar de la guardia. Juan Sebastián y sus compañeros fueron cercados por el fuego cruzado de los soldados de guardia, que desplegaron cerca de la pista de combate y la ametralladora emplazada cerca del mástil de la Bandera.

Homenaje de su madre

Su madre le dedicó este poema:

SONETO A MI HIJO JUAN SEBASTIÁN

De mis sueños, Dulcísimo Habitante.

Obstinado Inquilino de mi sombra.

Tu voz me llama pero no me nombra,

y tu sonrisa se tornó distante…

Merodeas los dias y la suerte de mi Dolor,

en tierna marejada…

Con aire de partida y de llegada

me llevas en la Vida por la Muerte.

Pájaro Silenciado, Insumisa Gaviota,

desvelada tu residencia terrenal truncada.

Le dejó a mi porfiado desconsuelo,

Una lumbre de Amor en llamarada

que incendia la ternura de mi vuelo.

Este poema y otros forman parte del libro Todo te sobrevive, que fue editado en el 2007 y reúne poemas de Elena Lucas de Belmon y la madre de Seba, Marta Claverie de Hernández, ambas madres de la Plaza 25 de Mayo de Rosario.

Los poemas transmiten el dolor de la pérdida, la irrupción en lo íntimo cotidiano de la tragedia colectiva y las formas de la angustia de la soledad y la espera.

Marta murió el 1° de julio de 2018 a los 96 años.

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