Hoy se estrena “El Eslabón Perdido”, un documental sobre la vida y la obra de Alejandro del Prado. ¿Es raro que se estrene una película un martes? Es lo menos raro de todo.

Cuando se habla de Alejandro del Prado estamos hablando de un músico originalísimo, con una capacidad única para combinar rock, tango y murga porteña (décadas antes de que la murga porteña tuviera la potencia que tiene hoy) sin que esa combinación suene forzada, con una complejidad armónica y melódicas poco comunes en la música popular pero con una solvencia para interpretarlas que hasta parecen simples. Y una voz celestial y una sensibilidad fuera de serie en las letras. ¿Es esta la historia de un músico de minorías?  Claro que no, sus canciones “Los locos de Buenos Aires” y “Aquella Murguita de Villa real”, por citar sólo dos, fueron himnos de la primavera democrática, esos años eternos y fugaces que transcurrieron entre la asunción de Raúl Alfonsín y la Ley de Punto Final. Diría que fueron hits, pero “Alejandro del Prado” y “Hit” en la misma oración es una blasfemia y, válgame, no estamos para herejías cuando hablamos de semidioses.

¿Y qué pasó, entonces? ¿Por qué no se siguió hablando de él? Esa es la pregunta que, atinadamente, vertebra la película.

El film fue dirigido por Mariano del Mazo y Marcelo Schapces, admiradores ambos de la obra de Del Prado, Schapces aportó la mirada de cineasta y del Mazo su oficio de periodista especializado en culturas populares. Mariano es, además, un evangelizador de Del Prado. Cuando era un adolescente, se inventó una revista que nunca existió para provocar una entrevista con su ídolo. El medio imaginario se llamaba Ruedas Embarradas, homenaje también imaginario a “las ruedas embarradas del último organito”un verso de Carta, una canción sobre la que ya volveremos. En su único número imaginario, Ruedas Embarradas logró que Mariano se asomara a la calidez del cantante, por quien redobló la admiración. “Pocos años después entré a trabajar en Clarin -dice ahora del Mazo- y la primer nota que escribí fue sobre Alejandro. Y mi primer documental es sobre eĺ”, sonríe.

La película tuvo una primera función de prensa y no hubo un sólo espectador que no se conmoviera: no hubo prácticamente medio que no reseñara “El Eslabón Perdido”. En todos los casos, las mejores plumas del periodismo de espectáculo se dispusieron a hacer lo mismo que voy a hacer acá,  sostener la hipótesis de Del Mazo: que Del Prado merece estar en el Olimpo de la música popular argentina. Trataremos, no obstante, de no abundar en los datos biográficos del artista, que para eso está el documental y, en última instancia, Wikipedia. Y vamos a tratar de concentrarnos en la película que es realmente buena y tiene muchos aciertos.

Uno de los aciertos tiene que ver con las voces que narran la historia. No es un documental lleno de talking heads que “explican” el fenómeno Del Prado. Tampoco hay una intención falsamente democratista de equilibrar el relato. Los (pocos) entrevistados aman a Alejandro y admiran su obra: su hermano Horacio, su hija Malena, el poeta Jorge Boccanera, el bajista Daniel Ferrón, el baterista Rodolfo García y el productor Diego Zapico exponen en pequeñas anécdotas y en fragmentos de  músicas la sensibilidad del artista. Una biografía que se narra sola. “Si hubiese buscado a alguien que hablara mal de Alejandro no creo que lo encontrara” dice, casi exculpándose, del Mazo.  Aunque, claro está, eso no significa que se trate de un ser angelical. Los demonios que conviven en el artista tumultuoso que sólo grabó cuatro discos en cuarenta años tienen tanta vigencia como su obra y su capacidad interpretativa.

Otro acierto: el enorme trabajo de archivo y compaginación que permiten ver y escuchar completa “Los Locos de Buenos Aires” editado en decenas de programas de televisión (desde Café con Canela hasta los noticieros)  porque, también lo dice el artista en el documental, en esos años iba a cualquier programa que lo invitaran.  A propósito, guardé durante años el recuerdo de que durante cuatro domingos consecutivos se escuchó esa canción interpretada de diversas maneras por los estudiantes en la prenda “Yo Sé” de Domingos para la Juventud. Tanto es así que me resulta inevitable escucharla y recordar a un mimo que pasó a la final con una representación bastante obvia.

Para quienes amamos el anecdotario del rock argentino, hay, además, otra perlita: siempre se dijo que Luis Alberto Spinetta le había afanado la base rítmica a Pappo’s Blues (Pomo en batería y Machi al bajo) aunque Machi se encargó de aclarar que ellos dos lo fueron a buscar a Luis cuando supieron que estaba sin banda. En la misma línea de suspicacia, podría decirse que El Flaco también le afanó la base a Del Prado: Rodolfo García (ex baterista de Almendra) y el bajista Daniel Ferrón  fueron la base de PosPorteño, la banda con la que Del Prado tocó algunas veces y que nunca grabó ni un solo tema y terminaron concretando el proyecto de grabar juntos en el disco póstumo de Spinetta, Los Amigo, tras una anécdota que cuentan en el film y que acá no adelantaremos. “¡Qué bárbaro! ¡Grande, Flaco!”, responde Alejandro cuando se lo interroga sobre esa anécdota. Y agrega, como  para demostrar que tiene muy claro de lo que habla: “Y se los escucha ahí atrás, ¿eh? Se escucha que son ellos”. Porque, valga la extensión del anecdotario, otro de los grandes éxitos de Del Prado es el Tanguito de Almendra: “¿Te acordas cuando escuchábamos a Almendra/ en el Winco desinflado de una siesta/ sin pensar que aquellas ondas, su polenta,/ marcarían la cultura en nuestra tierra?”.

La canción Carta, del primer disco solista de Del Prado (aunque en realidad también la había grabado con Saloma, una banda mítica que mezclaba el rock sinfónico vigente en los 70 con el sonido rioplatense que después desarrollaría) fue, durante muchos años, una marca generacional: cantada en fogones primero o posteada en facebook mas recientemente, esa tristísma balada tango era el santo y seña de quienes nos sabíamos integrantes de la silenciosa cofradía delpradiana. “Una ginebra por favor con hielo/ que este verano aprieta/ como aquellos zapatos, como aquella bufanda” decían los versos de Boccanera que Alejandro musicalizó como si hubieran sido concebidos con esa melodía.  Otro de los aciertos de Del Mazo/Schapces es revelar que no éramos tan pocos, los cófrades.

Pero hay más motivos para ver la peli de Schapces y Del Mazo: las entrevistas al Del Prado actual en su casa de Almagro, el regalo que nos hacen de la imagen de sus paseos por Villa Real o los fragmentos de decenas de canciones que nunca se grabaron. Una de ellas, la hermosisima “Sale el sol”, interpretada a capella por Malena en un momento muy emotivo. Esa canción -inédita, carajo, mierda- no puede no ser sentida como un reflejo de lo que se vivía en aquellos años: “Sale el sol/ en medio de las ruinas/ y lo que queda vuelve a ser feliz” y con un estribillo diáfano que dice “Gané, gané/ el tiempo negro se fue/ gané, gané/ estoy despierto otra vez”.

¿Por qué no grabó esa canción? ¿Porque no le pintó? Hay en la película varias respuestas, ninguna definitiva.

Ferrón habla de “muchas canciones que son grandes temas y no están en ningún lado”. No están ni en YouTube, que es como decir que no están en el mundo conocido.  Habla Ferrón de El Sospechoso, una canción sobre Polo, Fabián Polosecki, ese periodista único que abrió la pantalla de TV para toda una generación (que le afanó hasta la desvergüenza) y que se suicidó misteriosamente en 1996. Del Mazo dice que Alejandro tiene compuestas varias decenas de canciones que cualquier artista consideraría oro puro. “Es un tipo que durante treinta años cantó al menos una canción nueva por recital y nunca grabó”, dice. Y agrega una anécdota que es una revelación: “hace poco dijo que tenía ganas de grabar el disco con PosPorteños y que en ese disco pensaba grabar versiones nuevas de dos temas viejos. ¡Yo no puedo creer que quiera regrabar canciones teniendo tanto material que todos queremos que grabe!”

Hay algo raro ahí, muy raro. ¿Me vas a decir que es raro que se estrene su documental un martes? Se seguirá proyectando todos los martes de mayo en Circe, fábrica de Arte porque, según Del Mazo, querían proyectarlo primero en el circuito de bares en los que se escucha la música de Alejandro. “pero para más adelante pensamos estrenarlo en el Gaumont y el circuito de cines”.  Salud a la cofradía.

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