Una pluralidad de miradas sobre el periodismo y su estado construida a través de una encuesta hecha a los seguidores de Socompa, cuyo número crece bonito. Una mirada que es muy crítica y que a la vez rescata el interés y la nobleza de una profesión que está en plena crisis.

La cosa es así y es breve: socompos y socompas le dimos un par de vueltas al asunto de qué decir, qué hacer, qué publicar en el día del periodista (nos abstenemos con las mayúsculas). Hubo quien tuvo la idea de que lo hiciéramos mediante una encuesta breve. Bien ahí, porque era un modo de ceder la palabra y salir del protagonismo (“La Enorme Importancia del Periodismo según Nosotros los Periodistas”). Luego surgió una duda: qué preguntas hacer para no encontrarse –conociendo relativamente a nuestros lectores, aunque por el propio crecimiento y el tipo de apuesta a la diversidad en nuestra web comienza a haber de todo, incluso trolls- con otra edición del enfrentamiento “Clarín miente versus Roberto Navarro tiene un tono de voz grave que semeja al de Marcos Mundstock”.

Fuimos entonces por el lado de dos preguntas simples, humanas, que permitieran que los lectores se expresaran tanto desde el alma como desde la ideología:

  1. a) ¿Le gustaría que su hijx fuera periodista?
  2. b) ¿Por qué sí? o ¿Por qué no?

Es obvio que esta encuesta está hecha en un universo social más que sesgado y no pretende rigores sociológicos. Estas líneas comienzan a escribirse casi al mediodía del martes para publicarse el miércoles y las respuestas rondan el centenar. Ya se verá un cierto pesimismo histórico, una actitud crítica hacia el periodismo en la mayoría de las respuestas. Sin embargo, tomando solo las respuestas más contundentes, los que sí quisieran o verían con buenos ojos que sus hijos fueran periodistas ganan en una relación cercana al 3 a 1. Al que escribe le gusta esa contradicción presunta entre el pesimismo entristecido y crítico y la valoración positiva de un oficio que está en crisis, al que muchos califican como noble, sensible, constructivo (los hay resentidos también, qué se le va a hacer). O lo relacionan –con algún exceso, dado que hay de todo y muy malo- con la figura de Rodolfo Walsh.

Dos cuestiones antes de cederle la voz a los lectores (mil gracias por responder).

La primera: dejando aparte los años de dictadura(s), este 7 de junio bien podría llamarse día de mierda para el periodismo. La referencia es al conocido contexto histórico, global, ya largo en tiempo, no finalizado y de destino incierto que es el del fin presunto del periodismo, o por lo menos de ciertos periodismos, o por lo menos del periodismo en papel.

La segunda: es un día de mierda para el periodismo porque nuestro gremio es uno de los más castigados por la crisis económica y por todo lo que se generó después de la asunción del gobierno de Mauricio Macri. Hay una parte de esa crisis laboral y de sentido del periodismo que es de largo aliento y global: la conformación y concentración de multimedios, la convergencia con lo digital, la dependencia de los multimedios (y las editoriales) de grupos financieros que ajustando planteles buscan ganancia rápida sin calidad ni rigor. Todo eso (y más) viene causando estragos y precarización no solo en Argentina. Los diarios cierran o reducen dramáticamente sus tiradas, los viejos semanarios apenas si existen, comienza a pagarse por el consumo de medios digitales, los periodistas se precarizan trabajando simultáneamente en diversas plataformas. En EE.UU. hace años una periodista creó un mapa y una cuenta regresiva sobre la pérdida de puestos de trabajo. La emergencia de las redes sociales que alguna vez se leyó como democratización de la comunicación es un asunto discutible.

En Argentina este proceso viene padeciéndose también hace años. Con el gobierno de Macri, además de la liquidación de la ley de Servicios Audiovisuales, se produjeron otros fenómenos simultáneos. El primero: el estallido y desaparición de medios kirchneristas pésimamente gerenciados por empresarios amantes del negocio rápido como plataforma para otros negocios. Se trató de un severísimo error del kirchnerismo que no solo la pifió en buena medida con el discurso más bien sectario de algunos de esos medios sino que dejó con el culo al aire a sus audiencias. Segundo: el cierre o achicamiento de espacios más pluralistas y saludables con vinculación estatal (Infojus, canal Encuentro). Tercero: vía libre, en clima de época, para que grandes o pequeñas empresas despidieran o precarizaran aún más de lo que lo venían haciendo. A menor capacidad adquisitiva, además, menor posibilidad de darse el lujo de comprar diarios o revistas. Una crisis similar se produjo en el mercado de los libros, del que también viven muchos colegas.

¿Ha muerto?

Algunas de las respuestas recibidas en la fan-page de Socompa y en los muros de sus hacedores reflejan ese estado de cosas. Ejemplos (recuerden las dos preguntas iniciales sobre periodismo para destino sus hijos):

Ernesto Lourido Crespo: El periodismo ha muerto.

Patricia Iovine: Que sean lo que quieran, yo misma quise serlo sobre los veintes. Pero mi hijo, que estudia arquitectura, me dijo hace poco: “El periodismo sería la última carrera que estudiaría. Me dan asco la mayoría de los periodistas”. Me resultó curiosa la respuesta, a su edad yo pensaba así pero de los canas. Y todo mi sentido acerca de las utopías estaba depositado en ese santo oficio de la palabra. Algo pasó en el medio con esta profesión para un cambio de perspectiva generacional tan radical.

Mónica Sifrim: Mi hijo trabajó de periodista. (Sergio) Szpolsky lo dejó sin trabajo (y sin indemnización). Por eso quisiera que cambie de rubro.

Gracias, compañero Szpolsky. Van más respuestas:

Hilda Graciela Rodríguez: Tengo un hijo periodista deportivo. Nunca trabajó ni vivió de su profesión. No me gusta el periodismo actual. Son los dueños de todos los males. Enloquecen a la audiencia. No compro más el periódico y vivo más relajada. Lo televisivo es un desastre.

Fabio Blanco: No se lo deseo a nadie. Que escriba novelas malas, mejor.

Albar Dubois: Si se pudiera vivir de un periodismo objetivo e independiente, sí. Si es el periodismo hegemónico partidista y corrupto, no.

Guillermo Vivaldo: Se las hago más fácil, muchachos: que mi hijo haga lo que quiera, yo no quiero ser periodista, entre otras cosas porque me interesa el conocimiento. A modo de ejemplo, si el periodismo se considera la primera versión de la Historia les cuento que es una versión malísima y afortunadamente no es la última. Feliz día.

No faltó una ex compañera de trabajo de algunos socompos en los orígenes de Página/12, Adriana Bruno, que se mandó con un seco “No, y no”. Adriana-periodista no quiere hijos periodistas.

Tampoco faltó quien posteó una imagen de José Luis Cabezas, no queda claro si como mensaje fúnebre, como recordatorio, o como respuesta políticamente correcta sobre el periodismo como riesgo o apostolado. O chistes simpaticones como el de Leo Anoilles: “No me gustaría hasta que se defina bien qué es ser periodista. Le diría ‘Hijo, busca la verdad por otro camino, ése está lleno de controles de alcoholemia’”.

Nos siguen pegando abajo

Seguimos con las respuestas críticas sobre el estado de la profesión, aun cuando, como suele suceder, en la discusión se sigue mezclando periodismo (oficio, profesión, vocación) con empresas mediáticas o se confunde a las “estrellas” presuntas del periodismo con el 90 por ciento mal pago de los colegas y compañeros, los perejiles.

Silvia García López: Me gustaría que mi [email protected] elija, que se desarrollara formándose en la actividad que le resulte afín a sus deseos y objetivos. El periodismo de estos tiempos es la puerta de salida y rebusque para muchas actividades. Pareciera que el hecho de ser alfabetizados y el agregado de alguna formación académica o semi, o nada, le otorga a “[email protected]” el derecho de asumirse como “periodistas”. Así está el mercado. Pero no seamos crueles, así también de paradójicas y trágicas están las condiciones para sobrellevar el sustento diario. Celebremos que todavía tenemos periodistas grosos y grosas que siguen realzando la actividad, sin chuparle las medias al poder político-económico dominante.

Lourdes Sandoval: No me gustaría, ya que un periodista, para trabajar bien, (digo como ejemplo Rodolfo Walsh) tienen que estudiar y prepararse mucho… Y es difícil hacerlo mientras tenés que trabajar para comer y disfrutar. Ningún medio de comunicación te contrata si decís lo que ellos no quieren. Y los medios de comunicación alternativos Socompa (?) es difícil que resistan, desde lo económico.

Menos mal que Lourdes cierra la respuesta con un “Toda la suerte a Socompa”. Si es por la sustentabilidad de espacios como Socompa, otra lectora, Verónica Morvillo también nos alegra la vida: “En un sistema globalizado y monopólico me parece muy difícil ser independiente y sustentable”. Tiene razón la muy ingrata (ingrata por ser lectora de nuestra web) y también tiene alguna razón cuando explica su “no” al hijo/hija periodista. Dice a lo Bartleby, el escribiente de Melville (“Preferiría no hacerlo”): “Preferiría que no. El nivel de exposición suele exacerbar el ego además de crear una cierta dependencia de la mirada y aprobación del otro”.

Nos mató.

Hay más pálidas:

Ricardo Cejas: No. Porque no existe la independencia periodística.

Horacio Orlando Calcagno: Hoy los periodistas, salvo excepciones, son mercenarios como Sanata o Leuco, Longobardi, etc. En su momento los de 6,7,8 también.

Flavia Pantanelli: Preferiría que no. Me parece que es una profesión que está en crisis en casi todo aspecto y tratando de encontrar su nueva forma. También siento que en muchas partes del mundo, es -o volvió a ser- una profesión de riesgo.

Jorge Luis Monla: Me hubiera gustado ser periodista pero independiente de verdad. No vender pescado podrido como hace la mayoría. Ejemplos sobran en todo el mundo. Está bien que trabajan para multimedios a los que no les importa la gente. Gracias a Dios hoy están las redes sociales. Si hubiera tenido hijos obviamente los apoyaría para ser periodistas.

Relax, break, breve stop

Hagamos una pausa, mediante las gracias o chistes que se mandaron algunos lectores/as:

Cecilia Giambelli: Sí, pero como corresponsal en zonas de conflicto armado…

Ernesto Mobili: Noooooo!!!!! Él quiere ser periodista. Yo pertenezco a la tiranía de los diagramadores y tuve una década de intensas luchas contra los periodistas para que respeten la cantidad de caracteres y no supliquen que agrande o achique la foto.

Adrián Terrizzano: Sí, porque es un oficio hermoso. No, porque “periodista” es con “p” de “pobre”.

Humberto Tanto: Me gustaría que mi hija fuese millonaria. Después de esto si ella insiste será su decisión.

Babeando por los chicos

No sorprende que entre los comentaristas abunden papases y mamases que tienen hijos que estudian periodismo o ya lo practican. Pongámonos tiernos que ya bastante con lo que hay.

Patricia Naveda: Sí, tengo un hijo que estudia periodismo, nació con el don de la palabra, pero también con la honradez de su padre (“No venderá sus ideales”). Ya es un gran periodista, está en su tercer año con todas sus materias aprobadas y empezando a rendir parciales de este año, es papá de una hermosa bebé, trabaja y tiene 23 años. Estoy MUY ORGULLOSA de él.

Miguel Przewolka: Mi hijo es periodista y cumplió una de mis asignaturas pendientes: ¡periodista y escritor!

Adriana Litwin: Tengo una hija Licenciada en Comunicación que trabaja como periodista, Somos felices ella y yo con su profesión.

Torty Lobi Lescano: Soy periodista y tengo una hija con gran vocación, también periodista. Siempre digo que el periodismo se lleva en la sangre y es una noble profesión. Lástima que aparecen periodistas mercenarios, pero ocurre en todos los ámbitos.

Stella Bassi: Mi hija lo es y estoy súper contenta con ello. Hace años me había anotado para hacer la carrera en La Plata (la que hizo más tarde ella) pero fue un momento en que se requería transitarla en forma grupal y por razones de trabajo, diferencia muy grande de edad y horarios no lo pude concretar. Por lo tanto, cuando me comunicó su elección, me alegré muchísimo. En 2011 publiqué un libro y ella fue mi editora, critica y apoyo.

Silvia Hedman: Mi hija estudia comunicación social y quiere ser periodista. Estamos muy orgullosos de su elección, ya que la profesión está muy bastardeada hoy día. Faltan verdaderos profesionales que trabajen desde una postura liberadora.

Aquí se acaba el espacio de sobre protección al menor.

A favor (levanten la mano)

Como se decía bien al principio, son unos cuantos los que verían con buenos ojos que el nene/la nena se dedicaran al periodismo. Las respuestas que siguen no son todas las acumuladas por razones de espacio (la televisión es tirana).

Beatriz Esteberena: Sí, me gustaría, pero que sea periodista independiente. No cautivo voluntario de políticos, gremialistas, deportistas y muchos otros “istas” que transforman una profesión tan noble en un medio solo para lograr sus fines.

Karina Johansen: A mí sí, me parece una profesión muy útil a la sociedad y donde indefectiblemente aprenderá sobre todos los temas. Eso sí, lo de corresponsal de guerra que lo haga otro…

Ale Baires: Sí, pero entendiéndolo como un oficio que quizá no le permita vivir enteramente de él. Es una profesión maravillosa que te permite conocer gente, lugares, gestos y datos a los que mucha otra gente no puede acceder. Y sí querría, también, que trabaje Y sí querría, también, que trabaje de periodista, si es su vocación y se forma para ello, tanto en la práctica como con muchas lecturas y estudios. Y, por último, si no se deja deslumbrar por las frivolidades y el dinero mal habido, que también existen en ese/nuestro mundo.

Andrea Álvarez Contreras: No tengo hijxs, pero si lxs tuviese, confieso que me encantaría que fueran periodistas. ¿Por qué? Porque siento que es un oficio muy noble. Porque si lo desarrollan con honestidad intelectual y con la verdad, amerita la pena la elección. Sería un granito de arena que aportarían para lograr una auténtica comunicación plural y creativa (sí, me gustaría que fuesen creativxs -ya sé, soy una jodida de mierda con las exigencias-). Que se aboquen a la comunicación social, sin traicionarse a sí mismxs. Que sean coherentes ideológicamente. Sería un orgullo que no fuesen cagatintas ni que se vendan al mejor postor, sino todo lo contrario; deseo que sean fieles a los intereses de las mayorías silenciadas. Si hicieran un ejercicio de la profesión así, me sentiría verdaderamente honrada.

Vanessa de Jesús: Sí, me gustaría, aunque como están las cosas hoy supongo que trabajaría en un medio alternativo o autogestionado, Pero si es su vocación lo apoyaría, eso hace falta, gente con vocación que no espere que el sistema le ofrezca un puesto sino que se lo invente.

Adriana Rodríguez: Sí, me gustaría. Porque -idealizaciones aparte- la imagino como una formación potencialmente fascinante. Atravesada por la búsqueda y la comprensión de hechos complejos y por el desafío de una construcción personal/profesional que lo posibilite.

Omar Musa: Me gustaría que fuese periodista en las mismas condiciones en que yo soy actor o director, quiero decir, al margen de cualquier empresa y siguiendo sus propias convicciones. Las empresas para vivir y la grieta para crear.

Adriana Procupet: Sí, me gustaría. Me parece muy interesante. De hecho, es una de las profesiones que yo misma podría haber elegido de haber estado mejor informada o menos “encaminada” por el mandato familiar. Lamentablemente, ninguno de mis dos hijos va por ese rumbo (no es para tanto, Adriana).

Ahora colamos a un integrante de Socompa (se coló él solito), el amigo y colega Alejandro Agostinelli: Me gustaría que mis hijas, o alguna de ellas, lo fueran si tuvieran la pasión por ejercer este oficio hermoso y sin embargo poco rendidor en términos económicos en un país como el nuestro. Me gustaría si quisieran formarse para ejercer el periodismo conscientes de que atravesarán momentos en que será muy difícil vivir del oficio para el que se han preparado, aunque lo aprendido les ayudará para ganarse la vida de otros modos honrados. Sólo así me gustaría y no si la expectativa fuese otra (ganar mucho dinero o hacerse famosas, por ejemplo).

Dejamos para el final –gracias al tiránico poder de edición sobre las cosas que permite ser periodista y abusar de ustedes – una respuesta que nos gustó:

Leo Baldo: Sí, para que descubra que ser periodista es dejarse interpelar por la subjetividad, luego, narrar. Para que sepa que la profesión no es nada sin una base filosófica. Para que entienda que se puede realizar por fuera de la ilustrada academia y, también… para que descubra que se puede mirar un hecho desde diferentes lugares. El periodismo es formador, porque conversará con esa persona que tiene enfrente, la cual lo nutrirá hondamente más allá de la publicación que sucederá. Para que sienta, en definitiva, que a la realidad (subjetividad) la construimos. El periodismo, en estos tiempos, demanda un aprendizaje continuo y, aprender, es crecer.