Una gira improvisada para inventar al presidente argentino como estadista y que en realidad solo sirvió para mostrar su poca potencia, su improvisación y su mezquindad para jugar una interna mientras millones de argentinos pasan hambre y el gobierno recula ante cualquier poder que levante la voz.

El cuento se llama, según buena traducción, “Los vestidos nuevos del gran duque”, aunque se lo conoce más como “El Rey desnudo” o “El traje nuevo del Emperador”. Es un cuento dizque infantil de Hans Christian Andersen – aunque no hay un solo cuento de Andersen que sea realmente infantil, de ahí su enorme talento – que cuenta una historia que supongo que los lectores de Socompa, en su mayoría pequeño burgueses ilustrados como yo, conocen.

Alberto Fernández fue vestido con invisibles ropas de estadista a una gira europea que nadie le pedía, ni siquiera las pobres necesidades de la pobre Argentina que pretende gobernar.

Viajó con ideas internacionales – su idea de ser estadista -, en el contexto de un conflicto internacional que puede cambiar el destino del mundo. Y quiso posicionarse jugando a ubicar a la Argentina como proveedora de alimentos (materias primas), que ya lo es, pero muy mal; y como proveedora internacional de una energía que no tiene (¿cómo se ofrece gas si este invierno deberemos importar gas desde Bolivia?).

También ahí, en la gira, volvió a mostrar su “tercera posición”, que no es la del viejo general aforista que dio nombre al movimiento al que pretende pertenecer sino la del que no sabe bien qué hacer.

El ejemplo es claro: dijo que la Cumbre de las Américas, que se realizará – ¡vaya! – en Los Ángeles, Estados Unidos, debe incluir a todos los países de la región, pero que si no los incluye irá igual. Muy diferente a dos posiciones: la del presidente mexicano López Obrador o la del gobierno boliviano, de no ir si se excluye a Nicaragua, Venezuela y Cuba; y a la del resto de los países, que irán sin decir nada. A Alberto Fernández – a la Argentina – no le gusta que excluyan a los países, pero si los excluyen irá igual (“Agarrame que le pego”).

Como posicionamiento internacional – igual que el anterior de proveedor de lo que no se tiene – es motivo de risa.

Todo esto, pongámosle, son boludeces de narcisismo político que joden a un país, que es el nuestro.

Pero la cosa no se quedó ahí. Ni siquiera pudo actuar bien.

Si su gira era de estadista, no se entiende (sí se entiende, porque fue precariamente preparada para eso), porqué se la pasó hablando en Europa de la interna política del frente de gobierno de un país latinoamericano que mucho no les importa.

Viajó miles de kilómetros para contestarle a quién lo inventó como presidente, a Cristina Fernández de Kirchner.

De eso le preguntaron los periodistas en cada país que visitó, y se quiso hacer el boludo sobre el tema – como que no le importaba -, pero contestó, porque eso era lo que le importaba.

Le salió mal. No voy a abundar aquí en lo que dijo, está en todos los medios.

Me quedo, eso sí, con eso que dijo de CFK: “Tiene una mirada parcial absolutamente económica”.

Rara afirmación para un presidente que obedece a una cadena de mandos económica: Giorgieva le da las indicaciones económicas a Martín Guzmán y el ministro de Economía se las baja a él, el presidente argentino, para que las implemente.

No tengo que decir acá que yo – quien escribe – no soy kirchnerista y que, incluso apoyando a los verdaderos gobiernos kirchneristas, los he criticado.

Más que eso me duele tener un gobierno que es el hazmerreír de los poderosos del planeta, con un presidente que siendo apenas un misto inventado se cree un zorzal.

Más me preocupa y me duele que eso les cueste hambre y postergación a millones de argentinos que hoy sufren lo que el pretende negar: que viven en un país donde la exclusión es parte de la política del gobierno.

Es cierto que Alberto Fernández tiene una corte que le dice que es alto, rubio, de ojos celestes y que sus vestiduras de mandatario le quedan bien.

Creo que ha llegado el momento en que el pueblo le diga de una vez por todas que no es así: que está desnudo.

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