Las empresas multinacionales de ropa deportiva y sus zapatillas de alta competencia apuestan fuerte con su presencia en los Juegos Olímpicos de Tokio. Norteamericanas, inglesas, italianas se disputan palmo a palmo la primacía.

Cuando los persas desembarcaron en Maratón, el ateniense Filípides fue enviado a Esparta para pedir ayuda. En dos días Filípides corrió 240 kilómetros, consiguió el auxilio militar, regresó junto a su ejército, participó de la batalla contra los invasores y de inmediato corrió 42 kilómetros hasta Atenas para anunciar la victoria. Niké, Niké, alcanzó a decir, y cayó muerto. No era para menos.

Niké era la personificación de la victoria. Se la representaba como una diosa alada y veloz. En 1971, la diseñadora Carolyn Davidson diseñó el logo de Nike por el cual recibió un pago de 35 dólares. Desde entonces la marca estadounidense ha facturado miles de millones en los cinco continentes y ha trepado al podio en todos los juegos olímpicos, desde Montreal 1976 en adelante.

Todo por los oros

Las empresas norteamericanas están presentes en Tokio con una enorme delegación de marcas deportivas. Además de Nike, buscan el oro olímpico Reebok, Dunlop, Spalding, Wilson y Head, entre otras. Los ingleses, creadores de tantos deportes, son también pioneros en prendas y zapatillas. Mitre es una de las marcas más veteranas: Fue fundada en 1817, y en sus casi dos siglos de vida ha vestido equipos de fútbol, rugby y básquet. Slazenger es marca registrada desde 1881, aunque sus raíces se pueden rastrear hasta 1810 como fabricante de palos y pelotas de criquet. Posiblemente Umbro sea la marca inglesa¬¬ más reconocida en el ambiente deportivo actual. Nació en 1924 y su nombre es una contracción de hermanos Humphreys, sus fundadores. En inglés, Humphreys Brothers.

Los hermanos sean unidos, o no

Otros dos hermanos son los creadores de las más importantes marcas de indumentaria deportiva alemana. En 1948 las diferencias entre los hermanos Dassler los llevaron a repartir la fábrica familiar de zapatos para seguir cada uno por su lado. Adi Dassler creó Adidas. Rudolf Dassler eligió el apodo de su juventud y con él bautizó su marca: Puma.

Los italianos, expertos en diseño, también tienen sus marcas deportivas. Kappa, debe su nombre a la décima letra del alfabeto griego, y fue fundada en 1916. Diadora, en griego significa compartir honores y logros, y era el nombre de una sociedad deportiva veneciana, cuyo mayor logro fue haber contado con atletas ganadores del oro olímpico en los Juegos de París 1924. Ellesse son las iniciales de Leonardo Servadio, quien fundó la empresa en 1959. Sergio Tacchini fue tenista profesional desde los 17 años. En 1960 ganó el título de campeón italiano. Desde su retiro diseña la ropa deportiva que lleva su nombre.

Me río de la plata

Argentina también alumbró sus marcas deportivas, aunque es difícil que encandilen en algún Juego Olímpico. Durante los 60 la empresa Alpargatas fabricó los famosos botines Sacachispas, que ahora vuelven a ser producidos bajo licencia de Kappa. En 1975 Alpargatas bautizó su nueva línea de calzados con el nombre del perro de uno de sus ejecutivos: Topper. “En Europa no se consiguen”, decía el Ratón Ayala para promocionar los botines Fulvence. La marca desapareció con las importaciones de los 90 pero ha resucitado en los últimos años. En los 80, Olympia fabricó prendas de fútbol. El inolvidable Ubaldo Matildo “el Pato” Fillol fue el emblema de sus buzos y pantalones.

Dos de oro

Juan Carlos Zabala, el Ñandú Criollo, quedó huérfano siendo muy pequeño. Creció en el reformatorio de Marcos Paz y, a los 20 años, ganó la maratón en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932.

Delfo Cabrera creció en Armstrong, provincia de Santa Fe, fue múltiple campeón argentino y panamericano de atletismo y ganó la maratón olímpica de Londres 1948.

La maratón es la reina de los Juegos olímpicos, sin embargo, en nuestro propio país pocos recuerdan a estos dos extraordinarios atletas. Menos aún, nadie puede decir con qué marca vestían. Posiblemente sea lo más justo: al fin y al cabo, los atletas olímpicos de la antigüedad competían desnudos.

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