Bastión del conservadurismo autoritario y a la vez de la frivolidad, el partido de la farándula ganó poder desde la dictadura en adelante. Nunca sin embargo se fundió tan fuertemente con lo más oscuro del poder como en tiempos de Macri.

Hacia el final de la primera parte de esta nota se prometió responder alguna cosa a la pregunta “¿Qué tiene que ver Antonia, hija de Mauricio y Juliana, con el mundo de relaciones oscuras que van desde…”.

(hagámoslo largo y enredado a posta)

De la dictadura a la fundación del partido de la Farándula; de Massera a Graciela Alfano; de Alfano a Adriana Brodsky y/o Noemí Alan que posaron en foto con el Tigre Acosta; del Batallón 601 y los Grupos de Tareas a la SIDE del Tata Yofre y Carlos Menem (1989-1990); de la SIDE del matrimonio Yofre/ Brodsky y Anzorreguy  (procesado en una causa por sobresueldos) a la de Jaime Stiusso; de Stiusso al estallido en tiempos de Macri de las escuchas ilegales y de las escuchas ilegales sistemáticas al estallido sistemático de mierda en el sistemático y hondo complejo cloacal que conforman hoy los medios de comunicación, reflejo presunto de lo que somos como sociedad.

La pregunta es en realidad, y ustedes lo saben, pícaros, qué pasa con los tiempos macristas que –luego de los hitos faranduleros fundacionales de la dictadura y el menemismo- se convirtieron en nuestro punto social o cultural (¿se puede decir moral?) más bajo, más bajón y degradado, el más sucio, tóxico y maligno, desde que volvió la democracia en 1983. O por qué el país Disney y angelical de Mariu Vidal y Antonita tiene una segunda cara que es la parábola bíblica de Sodoma y Gomorra.

(Qué bajo hemos caído, hacemos periodismo no independiente con la Biblia en la mano, casi como testigos de Jehová)

WARNING: Si son ustedes tan generosos como para creer que esto es más o menos así y si no leyeron la primera parte de este texto, hagan el favor de comenzar de nuevo acá.

Como la rana que no salta del agua hirviente, por lo menos desde Videla en adelante –desde antes también- esta sociedad y tantas otras se acostumbraron a consumir efluentes cloacales, a tono con el famoso millón de moscas que no se equivocan. Lo de la rana es más o menos como lo muestra este video, al que encontré de casualidad, tratando de saber si es cierto o no que la rana no se raja de la olla hirviente: https://www.youtube.com/watch?v=enFqWMdxPVw. Parece que alguien ya tuvo la idea de hacer política con la figura de la rana.

La sociedad argenta, gracias a la vanguardia negra de su farándula tan brillitos, viene comiendo mierda a lo pavo. De tanto en tanto decimos, sin embargo, esto es demasiado. En la primera parte de este texto se aludió a la frase histórica de Mirtha Legrand sobre el cajón en el que no cabía el cuerpo de Néstor Kirchner, dicen que no estaba en el cajón. Nadie entonces del establishment (en el que la farándula tiene carnet de socio no tan menor) se enojó con Legrand por aquello. Sí se enojaron semanas atrás –incluso el intrépido Majul- cuando Legrand pulsó la tecla power en el cuerpo operado de Natacha Jaitt, muy guionada pero no tan bien aprendida. Jaitt se metió con la propia tropa, los aliados, los de este/ ese lado de la grieta. Eso no se hace en un programa decano como el suyo, Señora, le dijeron.

 Hundidos y averiados

Lo dijimos en la primera entrega: fue más que repulsivo lo que se puso a andar en el programa-living de la demócrata de avenida del Libertador. Vino luego un bonus track o segunda parte, en la que un joven héroe del periodismo, Juan Cruz Sanz, que venía liberando a lo San Martín la Patria desde Santa Cruz hacia arriba, fue escrachado por la finísima y presunta prostitueé mediatique, Natacha Jaitt, por abusador de menores y por merquero. O según lo dijeron espacios mediáticos que se excitan con este tipo de noticiones, “la aparición de fotos y videos del periodista teniendo prácticas sexuales y consumiendo drogas en el ámbito privado”.

Juan Cruz Sanz perdió el laburo en Telefé. Hundido. Su compañera de programa, Verónica Lozano, alcanzó a musitar “La verdad es que quedamos todos en shock (…) Es un tema muy sensible y por el momento no hay nada más que informar”. Tuiteó entonces Natacha Jaitt:
“¿Saben de dónde salieron los videos, y todo ese asco de book pedófilo e inmundo de JCS? Ya lo dije y lo reitero: del celular de (Leonardo) Cohen Arazi”. Cohen Arazi es el –un clásico de la era- “relacionista público” acusado de abuso y corrupción de menores en las inferiores de Independiente.

Ahora bien: ¿quién espió el celular de Cohen Arazi y le pasó la data a Jaitt? La “gran entrevistadora” Legrand no le preguntó a Jaitt para quién espió o quién le pagó ni cuánto. Nos dejó en ascuas Como sea y como se sabe, desde aquel episodio la derecha se escandaliza por este asunto de las escuchas ilegales que salpican a gente amiga. Todo está bien mientras La Nación difunde y amplifica –frases como “Soy yo, pelotudo, Cristina” (y luego editorializa contra las escuchas). Maravilloso cuando Clarín/ Lanata difundían las frases sueltas e inconexas del Gordo D’Elía con algún iraní remoto. Pero, ¿con los aliados? Todo tiene un límite.

Retomando. ¿Quién debería controlar a los espías dedicados a esas cosas tan poco edificantes? Debería hacerlo el amigo personalísimo y muy de confianza de Mr. President, e inquilino suyo, Gustavo Arribas: bachiller marianista, escribano, traficante de jugadores, empresario. Tan de confianza de MM es Arribas que –en disputa con Marcos Peña o Caputo- merecería la cinta de capitán de o melhor scratch de los últimos 50 años.

Cuando la periodista filomacrista o similar, Laura Di Marco, le preguntó para su libro a Macri por qué puso a Arribas como capo de la Agencia Federal de Inteligencia y cuál era su experiencia en el terreno de la inteligencia, MM respondió:

-Nula, nula. Pero, yo pregunto, ¿qué experiencia tenían todos los otros Señores 5 que lo antecedieron?

(ni idea, pero el tuyo es el mejor equipo de los últimos 50, deberías levantar la vara, amorcito y no decir “Nula, nula”)

-¿Cuál fue el motivo de la selección, entonces? ¿La confianza?

Sí, es eso. Yo pensé: de todos mis amigos, ¿cuál era el más vivo, el más desconfiado, el más acostumbrado a toda esta cosa de las trampas? Me pareció que resumía todas esas cualidades.

(amorcito: vos despotricabas contra el amiguismo en la política, no podés decir “de todos mis amigos”)

No puede no insertarse acá el dato conocido de que Arribas fue acusado –vía Lava Jato brasileño- por haber recibido de la empresa Odebrecht más de medio millón de dólares en sus cuentas (el jueves el juez Bonadío poco menos que pidió un homenaje de desagravio y un resarcimiento económico para el acusado) y que el tema Odebrecht preocupa a todo el mundo de la construcción en Argentina, empresas propias y amigas de la familia Macri incluidas. Arribas fue tratado con prudencia por los medios oficialistas, así como sucedió con los involucrados por las escuchas ilegales viejas en las que estuvo involucrado Macri (incluyendo cuñados presidenciales y familiares de víctimas del atentado a la AMIA). De las otras escuchas a familiares de los submarinistas del ARA San Juan apenas si nos enteramos en el programa del Gato Sylvestre y algún que otro espacio.

Lo que importa de cara al contenido de esta nota: los servicios de inteligencia –en este gobierno de orden y eficacia- hoy aparecen desatados como jaurías, haciendo negocio, fragmentados, más mercenarios y turbios que nunca. Lo que importa: ¿dónde emerge y se reproduce parte de lo mejor de su producción? Además de filtrarse en los medios de la derecha y en las denuncias de Carrió y otros opositores… la mierda se ventila en los programas de la farándula. País serio, con alta previsibilidad jurídica, república al palo.

Juan Cruz Sanz es el segundo periodista macrista (estaba presuntamente por dar el salto a la política) que cae de la rama dorada. El anterior en caer, de más larga trayectoria, muy desagradable y con mucha pauta publicitaria oficial, fue Ari Paluch, Le sucedió por acosador serial de mujeres. Quiso dar explicaciones sobre su antepenúltimo acoso sexual (probado en un video) diciendo en una carta:

“Al término del programa y en el apuro me despedí raudamente de los presentes y en tales circunstancias, involuntariamente, al querer saludar a la señorita microfonista, sin ninguna mala intención, toqué su cadera (…) Inmediatamente percibí que en el movimiento mi mano había hecho contacto con parte de su trasero. Consternado, inmediatamente le pedí disculpas”.

Linda, lindísima gente. Emocionalmente no tóxica e ideal como combustible espiritual en los días frescos de invierno.

Al respecto de Paluch y de Sanz, ¿se nos permite sincerar algo, aunque se trate de casos distintos?

Estamos -muy de veras- en contra de todo este puterío, obviamente que en contra del espionaje ilegal y del legal acaso también. Creemos (a patética contramano de los tiempos que corren) en el derecho a la intimidad. Sobre todo,  nos espanta que se escrache públicamente y sin pruebas a nadie, aunque sean colegas odiosos (verso: no son “colegas” ni periodistas ni mucho menos compañeros) las víctimas de los mismos procedimientos que utilizaron contra tanta gente, inocente o no.

Aunque estamos muy en contra de todo eso… (vamos a decirlo en gallego) ¡Hombrééé, vamos! Un poco nos gusta que se jodan. En todo caso la culpa de nuestro resentimiento imperdonable es consecuencia de todo el odio que ellos sembraron y del periodismo horripilante que practican. Cuesta ser el buen cristiano que pone la otra mejilla; que si no el pase al Paraíso saldría gratarola. De modo que nos alegramos por los hundidos y por los averiados cuando se trata de mercenarios y/o sembradores de odio.

Fin del sinceramiento. A otra cosa, mariposa.

Patota cultural, años K, la venganza

De veras, camaradas, tuvimos tiempos menos tóxicos que los de este presente algo funesto. Y no fue de casualidad que eso sucediera en tiempos políticos más gratos: los del alfonsinismo y los del kirchnerismo.

El tiempo cultural alfonsinista creó una comunicación propia limitada, progre en muchos aspectos, que generó inmediatamente una contraofensiva resentida y despiadada de la élite autoritaria de aquella farándula consolidada en dictadura. Gente (Gente) como Sergio Velazco Ferrero y el Mundo Sofovich inventaron la miserable expresión “patota cultural”. La terrible figura de patota como jodida ironía netamente ideológica anclada en el recuerdo de otras patotas absolutamente reales, encarnadas, asesinas: las de la Triple A, las de los Grupos de Tareas, entre otras. Era un modo de decir que daba lo mismo el Tigre Acosta, López Rega o el Turco Julián que María Elena Walsh, que co-condujo un programa en ATC en esos años y sufrió lo suyo por aquellos ataques.

Uno podrá quejarse por las limitaciones de la gestión de gobierno alfonsinista y de lo que se hizo con los medios de comunicación que tuvo a su servicio, incluyendo las radios y canales de TV, que entonces eran aun estatales.  Pero seguro que en tiempos de Alfonsín no se fomentó la mierda ni el escándalo ni lo tóxico ni los culos femeninos. Comentando por Facebook la primera parte de esta nota, el contacto Alfredo Stambuck (saludos) escribió con razón: “Alfonsín mandó a toda esa runfla a cuarteles de invierno”. Lo hicieron Alfonsín o sus cuadros comunicacionales o allegados culturales de época, algunos de los cuales fueron gente querible y respetable. Se sabe que cantidad de artistas populares y queridos de entonces que acompañaron al alfonsinismo –de Mercedes Sosa a Charly García y en menor medida León Gieco- simpatizaron con el kirchnerismo. Por algo será.

La parada siguiente fue la de la venganza –ya lo dijimos, no hay casualidad-. Fue el tiempo Menem-Sofovich-Susana. Y recuerden ustedes, chiquillos, los pataleos del Lanata de entonces, el remoto súper héroe puteador echando humo. Lanata decía que su programa de tele de entonces era serio y corajudo, preocupado por los asuntos nacionales, mientras que Tinelli se dedicaba a la pavada y en la televisión pública Sofovich… cortaba manzanas. De eso se quejaba el futuro vedettón del Maipo.

Hubo luego un tiempo cultural kirchnerista más valioso y extensivo que el kirchnerismo mismo y sus logros. Si es por las políticas culturales el kirchnerismo fue mucho más que la metáfora de 6,7,8. Fue una televisión pública más que aceptable, ídem radio Nacional, las políticas de fomento de la industria del cine y mucha producción nacional, el canal Encuentro y el Conectar-Igualdad, Odeón, el BACUA, la recuperación de la ESMA en la que se construyeron (con algunas desmesuras) instituciones dedicadas a la memoria y la cultura, la batalla por la ley de Medios (y su cuestionable aplicación), el fomento de políticas federales de producción de contenidos. No existían –en el imaginario kirchnerista, sí afuera- Jacobos Winograd, ni Silvias Süller. Los titanes de la farándula (Legrand, Susana y siguen firmas) militaban rabiosa y exitosamente en contra.

Ni qué decir qué cosas se debatían y resolvían en tiempos culturales kirchneristas, aquellos que trascendían la gestión de gobierno en el sentido más clásico: la expansión de derechos para minorías, pobres, inmigrantes; el matrimonio igualitario. Tanto revolvió por abajo el kirchnerismo que hizo emerger una nueva izquierda molesta que contradijo el dicho de Néstor Kirchner a mi izquierda la pared. Hizo nacer una generación de nuevos delegados gremiales en los que seguimos depositando esperanzas para que expandan una alternativa de mejor sindicalismo. Esos asuntos aburren infinitamente a la farándula y la irritan.

Éramos más serios y sin embargo estábamos más contentos, claro que complicados luego con las furias de una grieta que fue prolijamente trabajada.

Carlitos se divierte

Volvamos a los ’90. Definamos en el contexto de esta nota lo que fue el menemismo tal como largamente se diagnosticó la patología: farandulización de la política. Pasó y pasa en otras sociedades del mundo (ahí lo tenés al pelotudo: Donald Trump) pero no es lo que interesa aquí, dadas nuestras particularidades sociales e históricas.

Tiempos de Carlos Menem I, el Capocómico. Tiempos de la amnistía, del empobrecimiento económico y cultural, con los gurúes económicos y financieros apoyando entusiastas lo que remató en el estallido del 2001 y sus muertes. Alegría suntuosa de revista Caras y mucho arrastre cultural de lo peor de nosotros. Hasta el pensador latino, Mariano Grondona, hace ahora mil millones de años, sufrió reproches por llevar creo que a Susana Giménez a su estudio, para hacerse de un par de puntitos de rating y no perder su… batalla cultural. Puede que fuera el año del cenicerazo a Roviralta. Por entonces yo hacía periodismo. No como ahora, que googleo un poco de curioso, otro de morboso y otro poco para no ser tan chanta con el manejo del pequeño dato histórico.

Foto: Víctor Bugge

Sí, fue así. El 20 de febrero de 1998 La Nación publicó una nota que comenzaba de este modo (esto es increíble):

-Susana, te invito a pasar a la mesa de tortura.

Sí: el anfitrión era Grondona, en Hora Clave, la charla duró 60 minutos y era la época del cenicero y de Huberto Roviralta. El autor de la nota, Marcelo Stiletano, anotaba: “Los más escépticos creen que Hora Clave ingresó en un camino peligroso. Recuerdan el paso por el programa de nombres muy controvertidos, como Gabriela Oswald o Samantha Farjat”.

De Gabriela Oswald no me acordaba; de Samantha y el jarrón de Cóppola y el prostíbulo Espartaco sí (en ese lugar se filmó, servicios serviciales, al juez Oyarbide. Pero no a un presunto cliente que luego hizo negocios mediáticos con el kirchnerismo sin ayudar en nada a la causa). Pero, va de nuevo, Mariano Grondona, a quien el periodista Martín Sivak, en la biografía que escribió sobre él, definió como el hombre que quería pertenecer a la oligarquía, se frivolizaba cuando agonizaba el menemismo. El doctor Grondona, columnista del severo diario La Nación, dado por muerto hace algún tiempo, se mostraba también afanoso de curtir farándula. Lejanos los tiempos en que redactaba el comunicado del golpe de Onganía, lejanos sus tiempos de aceptable intelectual en la revista que dirigía, Carta Política, durante la dictadura, lejano su entusiasta apoyo al Proceso.

Farandulización de la política. Palito Ortega gobernador: un personaje más denso e interesante, desde sus tiempos de changuito cañero sufrido y laburador, que el Palito cantante y el de las películas de la dictadura. Reutemann lanzado también a la política y casi presidente hasta que vio algo, enigma vacío. Menem con Susana, con Bernardo, Menem de saco amarillo con los Stones (Macri se hizo la misma foto), Menem, futbolista, Menem, basquetbolista, Menem en ropa interior roja sobre una especie de canapé, María Julia Alsogaray (¡una Alsogaray! ¡nuestras refinadas clases altas!) envuelta desnuda en el tapado de piel en portada de Noticias. La misma portada del semanario que inventó al Kirchner vestido de nazi, a la Cristina bipolar, a la Cristina con fiebre uterina (retratada poco menos que en pleno orgasmo), la fanática, el monstruo. Tiempos actuales: nada de hacer algo parecido con Macri -disculpen la infantilada- en esa revista que se las da de mascarón de proa de un periodismo agudo, la revista de Fontevecchia, con su eterna cara de joven, y esas largas columnas, a veces inteligentes, a menudo sibilinas, plagadas de citas que hacen reparto a domicilio de cultura.

Su pide pena de muerte

 ¿Se acuerdan cuando Susana Giménez pidió la pena de muerte?

“Terminen con los derechos humanos y esas estupideces. Basta con lo de los menores; el que mata tiene que morir”.

Aquellas declaraciones de la fan de Mauricio (luego pretendió retractarse) alimentaron nuestro largo aprendizaje en la degradación. Aquello fue otro hito en la consolidación del nuevo populismo: el mediático. Escribí entonces en Miradas al Sur: “Populismo no es únicamente el acto pecaminoso de repartir choripanes en un acto. Hay nuevos y nutridos modos de populismo y el más reiterado, universal, es el del populismo mediático, el de la receta fácil y la propuesta de casete (más penas, más policía), remotamente lejos de la implementación de políticas consistentes y las complejidades de la gestión”.

Al pedo como bocina de avión, o cenicero de moto, cotejé la receta fácil del manodurismo susanesco con datos. La aparición súbita, en términos históricos, para entonces, de una fuerza de seguridad privada de 45.000 agentes, 200.000 a escala nacional. Agencias privadas en manos de ex represores o de ex policías desplazados por corrupción. 80% de esas agencias denunciadas en 2001 por la AFIP por evadir obligaciones fiscales (como La Nación y tanto funcionario macrista hoy). “Lo que dijo Susana está en la calle”, “habló desde el dolor”, “algo hay que hacer”, se dijo y se la protegió entonces.

 

La derecha ha dicho siempre: no queremos ser un país bananero. Pero los datos de entonces de la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte decían que en un total de 136 países la pena de muerte ya no corría más, por los 106 que la habían abolido o por los 30 que la suspendieron. Había muchos más datos en esa nota. Para qué.

Ascenso y caída del cyborg

El monstruo por excelencia de aquellos años fue Ricardo Fort –de nuevo un hombre de fortuna, vividor de la guita hecha por su viejo- monstruoso, cyborg de época. ¿Murió en su ley? Da un poco de pena. En este punto me declaro incompetente para comprender esas psicologías.

Pero acá falta Jorge Lanata, el mejor de todos, el Maradona-Cruyff-Pelé que supo alquilar el Grupo Clarín como sicario. El gran hallazgo de Lanata –y lo que nos enloqueció tanto por impotencia en la respuesta, particularmente al amigo Horacio González- fue que Lanata supo fundir todos los géneros posibles del espectáculo, incluido el teatro de revistas, del que acababa de salir, haciendo así mucho más diversas y eficaces sus baterías antiká.

¿Cuál fue uno de los golpes maestros de Lanata? Lo que desde entonces se llama la Ruta del Dinero K, que incluye escenas de violencia explícita como las topadoras que se llevaron a la Patagonia para encontrar tesoros y la expertise repentina del Gordo en materia de bóvedas de seguridad. Hay otros recuerdos del tratamiento informativo de aquellas denuncias. Como los paseos en Panamá de Nico Wiñazki –hoy se lo ve tan cansado, tan cínico, ojeroso, tan parecido a no recuerdo qué viejo actor de Hollywood que interpretaba emperadores romanos corruptos- que consistían en el tremebundo acto de tomar un avión a Panamá –paga el grupo Clarín-, tocar el timbre de dos edificios de oficinas y dialogar con un empleado de seguridad y con un recepcionista. Y sostener con eso –imágenes- buena parte de la historia, que al día de hoy sigue siendo causa judicial emblemática contra el kirchnerismo.

Que yo sepa, desde que saltaron los Panamá Papers a nivel mundial (tanto figurón macrista metido en eso y otras geografías off-shore), Nico Wiñazki no volvió a tomarse el avión con destino al país de Torrijos. Otros datos sugestivos por aquello de la articulación del periodismo flojo de papeles con los mundos de la farándula y de la riqueza vertiginosa, del nuevoriquismo: ¿con qué otros mundos, además de los de la timba y el business veloz  y en qué programas solía aparecer el denunciante metrosexual Leonardo Fariña? Con los mundos de la farándula, el puterío, los autos de alta gama, los programas de chismes. El destino de la Argentina, más o menos desde los años de Menem, se discute no necesariamente en los juiciosos editoriales de La Nación, sino en los programas de chismes. Así de bien estamos.

A todo esto, aquel gran testigo de Lanata, Leonardo Fariña, vive preso en Ezeiza por delincuente en asuntos criminales no vinculados con la letra K sino con su puro emprendedurismo, lo cual no deja de ser meritorio desde la perspectiva macrista. En 2016 dijo: “Con 23 años me subí a una Ferrari y sentí que era Dios,  pero era un boludo”.

A llorar al HSBC.

 Máximo. Ricardito. Antonia.

En los tiempos culturales ya sea del alfonsinismo como del kirchnerismo ni las familias presidenciales exhibían sus asuntos privados ni los temas paraoficiales de discusión eran los puteríos televisivos enredados con los del periodismo y con los puteríos oscuros y extorsivos del mundo de los espías. Resumiendo: Farjat o Mariana Nannis eran a los tiempos de Menem lo que Natacha Jaitt a los tiempos de Macri. Si es por sana diversión y tema de charla entre las audiencias, Zulema, Zulemita, Carlitos Jr. y Amira eran lo que Juliana Awada y Antonita para Macri. Claro que Antonia humaniza al cheto del Newman y Zulema y Carlitos traían dolores de cabeza. Pero es muy fuerte y muy triste para el futuro de la pobre niña Antonia cómo se la exhibe, como un trofeo en la plaza pública. Ni qué decir del otro trofeo que exhibe Macri, Juliana Awada, desde un machismo oprobioso pero muy útil para eso que cuando éramos buenos llamábamos las revistas del corazón.La seriedad de los CEO’s, incluido el presi, empalidece contra la promesa de Kirchner de construir “un país normal, un país serio”. Saco cruzado, mocasines y a laburar; nada de pavadas.

Inciso: Kirchner no quiso ir al programa de Tinelli. Ganó Alika-Alikate.

Sabíamos en los 80 de Alfonsín que no llevaba una vida de casado con su esposa. Nos importaba un carajo y bien que hacíamos. No sabíamos siquiera que Alfonsín tenía un hijo llamado Ricardito, no nos importaba. En tiempos del kirchnerismo Máximo Kirchner guardaba celosamente su vida privada. ¿Qué hizo Lanata entonces cuando Máximo se puso a hacer política o acaso antes? Inventó un Máximo Kirchner virtual, un pelotudazo analfabeto, un niño de papá y mamá, que jugaba en Calafate con la play-station. Se sabe que Lanata, entre otras ambiciones, quiso ser Tato Bores. Tato no es para mí un héroe de la civilidad, pero seguro era menos liviano, más inteligente, más divertido, más sagaz.

Va de nuevo y vamos cerrando: es muy fuerte que nuestras clases dirigentes y nuestros funcionarios de gobierno, todos esos cuadrazos republicanos vestidos con camisa celeste, de buena alcurnia, los más sensatos de la Nación, nos hayan metido en estos niveles de degradación ética, política o moral. Sodoma y Gomorra. Hay algo que deben de tener en común con la farándula para conformar un combo en nuestra actual cultura política: el haber creído que eran mayoría silenciosa y desconfiada, la desconfianza o el odio ante la política, el individualismo atroz, la sensibilidad cero de cara a lo colectivo, el desprecio por lo que somos como sociedad, la liviandad, la salida o superación personal mediante el coaching new-age o con ayuda positiva de Sri Sri, la desconexión afectiva o falta de empatía con lo humano (casi un modo del autismo), el imaginario de la carrera de ratas, la búsqueda de (mucha) guita (como sea) y el prestigio veloz, un cierto esfuerzo de gringo de la pampa emprendedorista (Fantino), la búsqueda desesperada del “éxito”, el pensamiento pobre, infantil y autoritario, la ignorancia brutal, la simpleza, la estulticia.

Lo que no puede rematar este texto por ignorancia o por exceso de complejidad en los insumos, es una pregunta que se relaciona con la eternamente discutida y no respondida pregunta sobre la influencia de los medios. Donde la expresión “medios”, de cara a esta nota, debe reemplazarse por “farándula” y sus articulaciones con lo más penumbroso del poder. Las preguntas son: ¿qué tiene que ver, en lo más profundo, la farándula con nosotros? ¿Cuánto nos refleja? ¿Farándula conducción? Alguna vez Moria Casán fue candidata a algo y le fue para el orto. De modo que no necesariamente la cosa se mide en votos, sí en irradiación. O en todo caso a Miguel del Sel sí le fue bien pero le fue bien en una provincia castigada y con un partido de derecha en ascenso como respaldo.

Avanzamos algo, en lo escrito, en el asunto de la articulación y fusión de la farándula con espacios crueles y duros de poder: los milicos en dictadura, los dueños de medios, el mundo de los ricos y los nuevos ricos, el submundo argento del espionaje y la extorsión.

Dijimos al inicio de la primera parte de esta nota que alguien algún día deberá escribir un libro simpaticón pero riguroso sobre la antropología política de la farándula y su peso relativo en el conservadurismo autoritario argentino. Ojalá estas líneas sean un granito de arena o un estímulo para que alguien se ponga las pilas y nos permita entender algo más.

Me voy a ver el programa de Jorge Rial. Será hasta luego.